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Gracias a la cultura popular, el Tyrannosaurus rex vive en nuestras mentes como un solitario temible que rugía sin sentido y se comía todo lo que se movía. La realidad es bastante distinta a estas creencias, por ello estos datos sobre el T-Rex te van a fascinar. 

 

1.- Tenían labios

Un nuevo estudio sugiere que el feroz dinosaurio pudo haber tenido labios que cubrieran completamente sus dientes. Tristemente, esto podría un día quitar la imagen popular que todos tenemos de este dinosaurio. 

Los colmillos temibles del depredador del cretácico tenían una capa fina del esmalte. Para evitar la descomposición, especialmente cuando son más frágiles, el esmalte debe permanecer húmedo, por ello la idea de los labios. Los lagartos más grandes de hoy en día, apoyan esta teoría. Las especies que habitan en la tierra, como el dragón de Komodo, tienen sus dientes cubiertos. 

Sus hermanos que carecen de labios, como los cocodrilos, viven en el agua, por lo que no necesitan la humedad extra. Puesto que T-Rex asustaba a todos en tierra, y no en el agua, es plausible que también necesitaran los labios para guardar sus dientes.

2.- Terrores adolescentes

Desde temprana edad, los T-Rex más jóvenes se encerraban en batallas crueles entre sí. Un adolescente fósil llamado "Jane", aunque su género es desconocido, fue mordido hasta el hueso por otro adolescente.

Su hocico y la mandíbula superior sufrió un ataque serio, por lo que se rompió su nariz. Seguramente se lo hizo alguien de edad similar, ya que sus propios dientes se ajustaban a la forma y el tamaño de las cicatrices. Cuando Jane tenía cerca de 12 años, murió. Para entonces, su hocico ya había sanado, aunque estaba algo aplastado. Esto significa que la lucha ocurrió cuando ella era años más joven. 

A los 12 años, Jane era ya una herramienta del terror. Minúscula en comparación con un adulto T-Rex, ya que solamente medía 7 metros de largo y casi 2,5 metros de cadera. Aunque llegó a pesar 680 kilogramos.

3.- Especialistas en decapitación

Los investigadores estaban intrigados por los detalles del cuello de Triceratops que revelaron un comportamiento desconocido del T-Rex. Y es que, las marcas de colmillo coincidían con el depredador mordiendo e incluso tirando de sus cuernos. 

Cada presa fósil examinada indicaba que ya había muerto cuando el T-Rex parecía desarrollar una fascinación con sus apéndices óseos. Preguntándose por qué iban a mordisquear algo que no tenía carne, los científicos encontraron algo horrible. 

Y es que, el adulto T-Rex tenía el hábito de decapitar a los Triceratops. El mordisco era más violento para que el T-Rex pudiera sacar la cabeza de su presa. 

El músculo del cuello del Triceratops parecía ser lo que buscaban, y el volante óseo se encontraba en el camino. También había marcas de corte en las articulaciones del cuello de varios triceratops, algo sólo posible si la cabeza del herbívoro había sido arrancada.

4.- Ellos no rugían

Para descubrir el verdadero ruido que hacía un T-Rex, un estudio miró lo más cercano a los dinosaurios hoy en día. Los investigadores concluyeron que los dinosaurios más grandes, como el Tyrannosaurus, no realizaban fuelles teatrales que sacudieran la Tierra. 

No tenían cuerdas vocales, pero sí sacos de aire. Sin cuerdas vocales, los T-Rex no podían rugir. 

Al sentir la necesidad de comunicarse, el T-Rex habría inflado los sacos para producir ruidos sin abrir sus mandíbulas, al igual que algunas de las especies de aves más grandes. Los sonidos reales de los dinosaurios más conocidos habrían sido decepcionantes en comparación con la idea que tenemos de ellos. 


 

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